Esta
torre de vigilancia, que popularmente se
conoce como la torre de los moros, es uno de
los testimonios locales de las torres que
Felipe II mandó edificar en el s.XVI a lo
largo de la costa mediterránea, para
proteger a las poblaciones de las incursiones
de los piratas del norte de África.
Estas torres se
comunicaban entre sí y mantenían una
guardia permanente de uno o dos vigías que,
en caso de peligro, con un cuerno de mar,
avisaban a la población para que se
resguardara dentro de las murallas.
La Torre de "Can
Magí" fue restaurada y dotada de
iluminación en el año 1997.
En la Punta de Pola se
encuentran los restos de otra torre de
características similares.